La remediación del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael, avanza sobre una de las herencias ambientales más complejas de la minería argentina: miles de tambores con residuos uraníferos acumulados durante décadas de operación, además de grandes volúmenes de agua en contacto con material mineralizado. No se trata de un saneamiento superficial ni de una obra puntual, sino de una intervención industrial de gran escala, que exige tratar, uno por uno, alrededor de 5.200 tambores de 200 litros, cada uno con contenido residual de uranio, bajo estrictos estándares técnicos y regulatorios.
La magnitud del desafío no reside únicamente en el volumen total de material, sino en el carácter individualizado del proceso. Cada tambor debe ser manipulado, abierto y tratado de forma controlada, en un esquema que prioriza la seguridad radiológica, la estabilidad química y el confinamiento definitivo de los residuos. La cantidad de tambores explica por qué la remediación de Sierra Pintada no puede acortarse ni simplificarse.
El proceso aprobado para estos residuos sólidos deja en claro el enfoque adoptado. Los recipientes son trasladados a la planta de tratamiento, donde se utilizan dispositivos para su apertura segura. El material contenido se lava con agua de cantera y el uranio residual se recupera mediante columnas con resinas de intercambio iónico, una tecnología selectiva que evita la disolución agresiva del mineral. Una vez extraído el uranio, los sólidos restantes se neutralizan con cal, reduciendo su reactividad, y los efluentes generados se derivan al sistema de disposición final. No hay lixiviación ácida ni uso de ácido sulfúrico: el diseño técnico aprobado excluye deliberadamente ese tipo de procesos, priorizando la estabilidad geoquímica y el control ambiental de largo plazo.

En paralelo, la remediación enfrenta otro pasivo de escala significativa, como lo es el agua de cantera acumulada en antiguas excavaciones, producto de la infiltración de lluvias y aguas subterráneas en contacto con zonas mineralizadas. Este flujo hídrico es tratado en varias etapas, primero para recuperar uranio mediante resinas específicas y luego para gestionar elementos asociados como radio y arsénico. El agua, una vez tratada y decantada, se reutiliza dentro del predio bajo condiciones controladas y monitoreadas, cerrando el circuito sin descargas externas.
Todo el material resultante del proceso converge finalmente en un dique de disposición final diseñado con múltiples barreras de protección, geomembranas, sistemas de drenaje y capas de aislamiento natural. No es un complemento del proyecto, sino una pieza central de la ingeniería de remediación, pensada para garantizar el confinamiento seguro de los residuos a largo plazo y evitar cualquier migración futura.
En términos de avance, la remediación de Sierra Pintada se encuentra actualmente en una etapa operativa inicial–intermedia. El proyecto ya superó completamente la fase administrativa y ambiental y se encuentra en plena ejecución de obras prioritarias, puesta a punto de plantas y sistemas, y comienzo efectivo del tratamiento de pasivos. Sin embargo, aún no ha alcanzado un régimen pleno y sostenido de procesamiento masivo de la totalidad de los residuos. El avance es progresivo, validado etapa por etapa, con monitoreos permanentes y sin aceleraciones artificiales, una lógica habitual en proyectos de remediación nuclear de esta complejidad.
Este esquema, ejecutado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y auditado de manera permanente, marca un punto de inflexión respecto de décadas anteriores. Durante años, Sierra Pintada fue sinónimo de pasivo pendiente; hoy es un proceso activo, técnicamente exigente y necesariamente gradual, en el que los avances se miden más por la consolidación de instalaciones, plantas y sistemas de control que por anuncios rápidos de cierre.
Sierra Pintada fue el último gran yacimiento de uranio en operación en Argentina, con una producción cercana a 1.600 toneladas de uranio entre 1975 y 1997, abasteciendo al parque nuclear nacional. Su cierre dejó un legado que hoy se aborda con herramientas de ingeniería ambiental que no existían o no se exigían en aquel momento.
Con información de Panorama Minero
